jueves, 7 de octubre de 2010

LITERATURA DE HOSPITAL

Un hospital, un nostálgicamente hermoso recinto de vida, a muchas personas causa una gran fobia visitar este establecimiento, siendo un recinto de la vida y  la muerte.
Es cierto, en un hospital se respira un ozono, dañino para muchos, un ambiente triste e impredecible, un recóndito confín de la tierra, al cual no quieren volver jamás, muchos fallecen en el hospital, otros en camino, muchos pacientes terminales, abandonados e indiferentes por la sociedad, castigados por la ira de Dios, dicen muchos, dados la espalda por el mismo.
Deudos lloran y se oye el llanto a varias manzanas, alaridos, gritos, rostros entristecidos, huérfanos, viudos, viudas, el desacierto invade una sala de espera, esas miradas perdidas, esas almas muertas, esos corazones inconsolables…
También se respira aire del bueno, oxígeno diatómico, un ambiente de paz, de vida, de amor, de rostros sonrojados.
En un hospital nacen bebés, siameses, gemelos, mellizos, sonrisas alentadoras, familias acarameladas, estudiantes de medicina, ancianos, mujeres, verdaderos hombres, que regocijan de felicidad, al haber vencido y sobrellevado una enfermedad.
Nace una esperanza, un nuevo doctor.
El equilibrio de la vida dicen otros, muerte por vida, dos caras de una misma moneda, como el nuevo sol, lo cierto es que no se podría aseverar si un centro de salud u hospital es bendito o maldito, lo cierto es que  todos somos esperanza y en algún momento hemos sido esos bebes, yo digo que es un lugar reconfortable, esa es mi perspectiva a los 16.